Tabaxi

Los tabaxi han formado diversas tribus a lo largo de los milenios, habitando en las tierras más salvajes del mundo, rodeados de selvas, praderas y valles donde la caza…

Sus asentamientos no son complejos ni duraderos, pues las manadas se desplazan según las necesidades del momento. Si la tierra deja de proveer alimento, simplemente toman sus pertenencias y parten hacia nuevas zonas fértiles. La estabilidad no está en el territorio, sino en la manada. Su sentido de comunidad y su manera de vivir en equilibrio con la naturaleza les permiten adaptarse con facilidad a los cambios del entorno.

Como cazadores y artesanos, decoran su entorno con trofeos, huesos tallados y símbolos de caza, cada uno con un significado profundo dentro de su cultura. Para otras razas, estos objetos pueden parecer simples adornos tribales, pero para los tabaxi son memoria viva: fragmentos de su historia, lecciones grabadas para las nuevas generaciones o recordatorios de los logros de su manada.

La manada lo es todo para los tabaxi. Ser parte de una implica haber ganado la confianza del grupo, un honor que no se entrega con facilidad. Traicionar esa confianza es considerado el mayor de los crímenes, un acto que rompe el lazo espiritual que une a los suyos. El castigo puede ser severo: desde una cacería ritual donde el traidor es perseguido hasta su muerte, hasta el exilio, marcado con un símbolo de vergüenza que todo tabaxi reconocería.

La mente de manada es un principio central en su sociedad. Los jóvenes no pertenecen únicamente a sus padres, sino que todo el grupo comparte la responsabilidad de su educación, cuidado y formación. El concepto de propiedad privada no existe entre ellos como tal, pero respetan profundamente aquello que otro haya ganado con su esfuerzo. Tomar algo que no se ha merecido se considera una grave falta de respeto, tanto dentro como fuera de la tribu.