Gnomo
Hubo un tiempo en que pequeñas figuras de mente ágil caminaron hombro a hombro con los enanos.
Durante siglos habitaron las profundidades, donde la roca guardaba magia antigua y los túneles se extendían como imperios subterráneos. Allí construyeron La Ciudad del Progreso, una maravilla donde la tecnología y lo arcano dejaban de ser opuestos para volverse uno: engranajes movidos por cristal, gólems alimentados por runas, luz sin llama y máquinas que respondían al pensamiento. Un lugar donde el límite era solo la próxima idea.
Hasta que un experimento demasiado ambicioso incluso para ellos desató un pulso arcano que arrasó la ciudad. Las máquinas se volvieron salvajes, los cimientos temblaron, y la urbe entera se desplomó en la oscuridad eterna. La Ciudad del Progreso quedó sepultada, convertida en mausoleo y advertencia. Los supervivientes quedaron atrapados durante generaciones en los restos del que fue su sueño.
Siglos después lograron escapar, desgastados pero vivos. Y al emerger, descubrieron que el mundo había seguido sin ellos. Los enanos ya no tenían hueco para sus amigos de antaño; y donde una vez hubo camaradería, ahora existía un sitio ya ocupado por manos nuevas.
Orgullo contra ingenio. Genio viejo contra genio nuevo. No surgió odio, sino rivalidad.