Aasimar
Los Aasimar son aquellos que descienden de seres divinos vinculados a la luz y de sus uniones con los mortales.
Su herencia celestial no solo se manifiesta en su apariencia, sino también en la gracia natural con la que se desenvuelven. Los Aasimar son considerados hombres y mujeres de una belleza extraordinaria, con rasgos que parecen conservar un eco de la pureza de sus ancestros divinos, aun cuando su linaje se haya diluido a través de las generaciones. Sus ojos poseen un brillo particular y, en muchos casos, de sus espaldas nacen grandes alas blancas como la nieve, otorgándoles una presencia majestuosa e imponente.
Sin embargo, su sangre divina no los convierte en seres sobrenaturales. Los Aasimar siguen siendo mortales y carecen de verdaderas capacidades propias de los seres celestiales. Sus alas, aunque hermosas, tampoco han alcanzado el desarrollo necesario para permitirles volar adecuadamente. Para algunos pueden convertirse incluso en un estorbo durante la vida cotidiana, obligándolos a acostumbrarse a su peso y a las dificultades que conllevan. Aun así, rara vez reniegan de ellas. Las portan con orgullo, contemplándolas como un estigma bendito que les recuerda de dónde provienen y qué representan.
Esta limitación nunca ha impedido que los Aasimar persigan aquello que consideran su deber. Durante generaciones han recorrido las tierras de Veridian como guardianes y protectores de quienes atraviesan tiempos difíciles. Han participado en conflictos de todo tipo, tanto en primera línea de batalla como en la retaguardia, donde su presencia puede ser igualmente necesaria para atender a los heridos, consolar a las víctimas y ofrecer esperanza a quienes han perdido la suya.
A pesar de su ascendencia celestial, los Aasimar viven como cualquier otro mortal. Aman, ríen, lloran, sienten miedo, sufren pérdidas y disfrutan de los pequeños placeres de la existencia. Precisamente por conocer de cerca la fragilidad de la vida, suelen contemplar el mundo con una sensibilidad particular. Para ellos, cada vida posee un valor que merece ser protegido, y encuentran belleza incluso en aquello que otros podrían considerar insignificante.