Sátiro

No son simples bestias. Tampoco monstruos nacidos de las pesadillas de los hombres.

«La magia te dio la vida. La maldición te enseñó a devorarla.»

No son simples bestias. Tampoco monstruos nacidos de las pesadillas de los hombres. Son almas quebradas, criaturas atrapadas entre los vestigios de lo que fueron y el abismo de una necesidad que jamás podrá saciarse. En ellos, la maldición no se limita a deformar la carne ni a retorcer los huesos. Va mucho más allá: los condena a desear aquello que los destruye, a perseguir una fuente de alivio que, con cada nueva satisfacción, los hunde un poco más en su propia ruina.

Porque hay maldiciones que arrebatan la humanidad.

Antes de sucumbir, el sátiro maldito fue alguien. Quizá un hechicero que dedicó su vida al estudio de las artes arcanas. Tal vez un guerrero que recurrió a la magia para sobrevivir a una batalla imposible. O, sencillamente, un inocente que tuvo la desgracia de cruzarse con una fuerza que jamás debió conocer.