Mago

Para los Magos, la magia no es una ciencia que pueda reducirse a fórmulas, teorías y reglas inmutables.

Los Magos conocen los principios arcanos. Estudian durante años antiguos grimorios, memorizan conjuros, aprenden a trazar círculos de invocación y comprenden las estructuras que permiten moldear la energía. Su conocimiento no está en duda. Lo que permanece incierto es aquello que ocurre cuando esa energía responde.

Cada hechizo es, en cierto modo, un pacto con lo imprevisible.

Una simple invocación de llamas puede desatar una lluvia de chispas que incendie aquello que no debía arder. Un encantamiento de protección puede adoptar una forma inesperada y convertirse en una barrera que quema tanto al enemigo como a quien pretendía proteger. Incluso un conjuro perfectamente ejecutado puede desviarse, transformarse o producir un efecto que ningún grimorio había contemplado.

La energía arcana se manifiesta de formas que desafían la lógica. Se acumula entre los dedos, hace vibrar el aire, distorsiona la luz y deja ecos alrededor del hechicero. A veces basta una palabra pronunciada fuera de lugar, un gesto imperfecto o una emoción demasiado intensa para alterar el resultado de un conjuro.